domingo, 14 de junio de 2009

Sombras y Luces



El presidente Chávez preguntaba, ¿Qué es un intelectual? Realmente la pregunta no tiene respuesta, porque intelectual no es una profesión, ni un estado del ser, ni un titulo universitario. En realidad, no conozco a ningún revolucionario que, siendo catalogado como un intelectual, quiera ser reconocido como tal. No puedo dejar de pensar que “intelectual” es un término diseñado para separar a unos de otros, elitesco, segregativo, divinizado.

El peso de ser catalogado de “intelectual” en la revolución no es algo a la ligera. Parte del ser y el deber ser de cada revolucionario es pensar, usar su intelecto. Acomodaticiamente, cualquier persona puede desprenderse del deber de pensar, y otros, de la misma manera, pueden pensar de más. El grupo de revolucionarios que se reunieron en el Centro Internacional Miranda en fechas recientes no quieren el mote. Muchos explícitamente, en cada una de sus intervenciones, se deslindó abiertamente del término, lo denunció y sintió cierta repulsión al verse como “intelectual”. Creo que la respuesta a los “intelectuales” de derecha de CEDICE, era contraponer a otros “intelectuales” bolivarianos para dar la batalla. No era necesario.

Nadie obligó a nadie a estar en esas calurosas reuniones en el último piso del Anauco Suites. Nadie, de igual manera, estaba excluido de estar allí. Fue un evento abierto, con presencia de muchos medios del estado y alguno que otro privado. Ellos también llevaron lo suyo, y con mucho dolor, observe que no se aparecieron al día siguiente.

Pero ¿Qué se dijo? Nada que fuera un secreto ni mucho menos. Creo que la palabra que mas se repitió, que mas impacto llevo en los medios, que más se esta utilizando en contra de los que ahí hablaron fue el de “hiperliderazgo”. Como si decir “hiperliderazgo” fuera desafiar al liderazgo del Presidente (que ilusión).

Creo que es cierto lo que se dijo: si no se hace los ajustes necesarios para que dentro del movimiento bolivariano surjan los líderes de mañana, el dinamismo que debe tener la revolución, la gestión eficiente del proceso revolucionario, y la ejecución de nuestra ideología, la revolución estará pérdida.

Nadie duda del liderazgo del Presidente. Es más, los presentes una y otra vez lo confirmaban. El presidente es el catalizador de un proceso que es de profundas raíces populares, y sin el, todo se vendría abajo. No se habló en ningún momento de “chavismo sin Chávez” ni en ningún momento se entendió que el presidente tenga de desligarse del liderazgo de la revolución. Pero si es cierto que entre el presidente y el pueblo hay una vinculación directa, única, las bases tienen al presidente a un contacto directo como ningún proceso histórico en Venezuela, y entre ellos, nada. El partido ha intentado crear ese espacio, pero dentro del mismo, se ha venido observando un proceso de calcificación de la participación popular. ¿Acaso esto no lo sabemos todos? ¿Acaso decirlo es decir una mentira? No se puede atacar a alguien que diga esto.

¿Es falso que la partidización de los consejos comunales sea un elemento nocivo? Caramba eso le hace daño a la revolución. Para defender la revolución hace falta que los batallones hagan su trabajo. Los consejos comunales, como elementos fundacionales del Poder Popular, necesitan actuar independientemente del Partido, sin decir esto que la ideología y la conciencia política esten alienadas en sus miembros. ¿Es falso que esa partidización la llevemos a cabo nosotros mismos?

¿Y entonces? ¿Nos quedamos callados? Ahí no había, y conozco a varios que ahí estaban, ningún contrarrevolucionario. Tienen sus defectos, egos, luchas, diatribas personales, pero todos convergen en la revolución y todos darán su vida por ella si es necesario.

Todos estos problemas los tenemos, y como decía Rubén Blades, “dando la espalda no se van los problemas, ni la impaciencia resuelve los sufrimientos”. Somos una familia, y acá estamos para decirnos lo bueno y decirnos lo malo. Acá nos vamos juntos o nos quedamos juntos. Hay ineficiencia, hay luchas de poder dentro de los ministerios, hay coartamiento de la participación en algunos lugares, hay falta de conciencia, hay “boliburgueses”, hay derecha endógena, hay quintas columnas. Pero también hay conciencia y revolucionarios, hay compromiso y participación popular, hay honestidad y eficiencia.

Nuestra bella revolución es de luces y es de sombras. Tenemos que atacar las sombras con dureza. Son diez años, y para que sean 50 más, debemos dar luces. Cualquiera de nosotros tenemos esa responsabilidad, no solo los académicos o los políticos. Todos somos factores de conciencia. Todos y Todas.

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