Integración Latinoamericana: prohibido perder el Sur
“Después de quince años de sacrificios consagrados a la libertad de América, por obtener el sistema de garantías que, en paz y guerra, sea el escudo de nuestro nuevo destino, es tiempo ya de que los intereses y las relaciones que unen entre sí a las repúblicas americanas, antes colonias españolas, tengan una base fundamental que eternice, si es posible, la duración de estos gobiernos.”
Simón Bolívar
Invitación a los Gobiernos de Colombia, México, Río de la Plata. Chile y Guatemala, a formar el Congreso de Panamá, Lima. 7 de diciembre de 1824.
Desde los tiempos de la Independencia, el espacio sudamericano ha estado dominado por una lógica de fragmentación alimentada por conflictos bélicos producto de aspiraciones territoriales, lucha por el control de los recursos naturales e injerencia extranjera. Nos olvidamos de los ideales Grannacionales cuando privó el caudillismo y nos concentramos en construir Estados separados unos de los otros.
Desde los tiempos de la Independencia, el espacio sudamericano ha estado dominado por una lógica de fragmentación alimentada por conflictos bélicos producto de aspiraciones territoriales, lucha por el control de los recursos naturales e injerencia extranjera. Nos olvidamos de los ideales Grannacionales cuando privó el caudillismo y nos concentramos en construir Estados separados unos de los otros.
En este contexto, a medida que fuimos entendiendo que la solución era conjunta, nos empecinamos en construir acuerdos con una fuerte base económica, pero no política. La Integración Real, tal y como ha sido concebida, ha tenido como principal protagonista a los sectores empresariales en una visión multinacional y a las empresas transnacionales de capital extranjero. Esta situación se debe a que los gobiernos firmaban acuerdos de integración como meros beneficios económicos para el comercio, pero con escasa voluntad política.
Este cambio de época como lo llamó el presidente Rafael Correas, hace necesario el mantenimiento de los ideales de progreso, de emancipación y de unidad latinoamericana como consenso político.
En este sentido, las tensiones en torno a la gobernabilidad y la estabilidad política en la región representan uno de los grandes obstáculos para los procesos de integración, especialmente en el surgimiento de los nuevos liderazgos políticos como en Venezuela, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Argentina, entre otros.
Temas como la ineficiencia gubernamental, la corrupción, la delincuencia, la producción y el comercio, el oposicionismo por parte de grupos adversos a los procesos de cambio que vive el mundo y las profundas desigualdades sociales, por mencionar sólo algunos factores, son luchas determinantes que los gobiernos deben vencer para que persista la voluntad política de objetivos mancomunados, en aras de superar la amenaza de la fragmentación y trabajar por alcanzar un desarrollo sustentable. La desigualdad de la región debe ser el principal incentivo para la integración.
En este sentido, el tiempo – como período presidencial – es un factor importante que tienen los gobiernos para concretizar los procesos de integración. Del éxito de sus políticas a lo interno depende el respaldo popular que avive las transformaciones que deseamos propiciar. De lo contrario, es muy posible que las fuerzas que han dominado el status quo a través de los años regresen al poder político.
Para ello, también enfrentamos importantes retos en cuanto a la institucionalización del espacio sudamericano. En primer lugar, las organizaciones de nuevo cuño deben fomentarse bajo sólidas bases institucionales que doten de legitimidad y credibilidad a las decisiones tomadas en su seno, así como el respeto de los principios emanados en su creación.
A su vez, las viejas instituciones deberían revisar sus fundamentos y hacer una evaluación crítica de los resultados alcanzados hasta ahora. De este modo, tomar decisiones sobre el rumbo hacia donde queremos dirigirnos, sin olvidar que bajo esta nueva arquitectura que deseamos construir, la sociedad civil debe tener un papel fundamental.
La integración no puede realizarse a partir de la coyuntura geográfica, histórica y económica. Se requieren definiciones políticas consistentes, legítimas y formuladas como visiones estratégicas de desarrollo estructural.
La integración debería significar un compromiso ideológico-político, no solamente una voluntad de aprovechar las oportunidades económicas. Esto se cuestiona al reflexionar sobre por qué PETROCARIBE ha logrado la adhesión de 19 países centroamericanos y caribeños mientras que sólo 8 forman parte del ALBA. PETROCARIBE debe verse como un instrumento de cooperación del ALBA que vaya más allá de las cuestiones estrictamente energéticas.
En otro orden de ideas, debemos considerar con suma importancia el aspecto relacionado a la integración militar. En estos momentos en los que el plan patriota – antiguo Plan Colombia – y la reactivación de la IV Flota evidencian una presencia militar de EEUU en la región. Para ello, la propuesta de Brasil, de conformar un Consejo Suramericano de Defensa en el marco de la UNASUR debe ser tomada en cuenta con particular atención.
Estas son algunas de las consideraciones, perspectivas y debilidades que encontramos en el presente y futuro de los procesos de integración latinoamericanos. El camino es arduo y requiere de mucha voluntad política, solidaridad y sobre todo reflexión. Prohibido perder el Sur.

No hay comentarios:
Publicar un comentario