sábado, 6 de junio de 2009

La OEA y la “Asistencia Recíproca” hacia Cuba






En días recientes se llevó a cabo la XXXIX Asamblea General de la OEA en San Pedro Sula (Honduras), en la cual se aprobó por unanimidad y sobre todo por las incesantes presiones de países como Honduras, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Venezuela la derogación de la resolución (n° 62) tomada en el seno de la OEA en 1962, la cual establecía la expulsión de Cuba de este organismo multilateral. El acontecimiento merece un trato mucho más crítico que las notas de prensa y el romanticismo propio de la noticia.

En este sentido, Cuba podría ingresar a la OEA nuevamente si así lo solicita. Sin embargo, las declaraciones emitidas por voceros del gobierno cubano, así como de su máximo líder Fidel Castro reflejan una cierta satisfacción por la voluntad de los países y por la justicia inherente de la decisión, no obstante han mostrado una negativa con respecto a solicitar su entrada al bloque. Esta decisión no puede ser considerada bajo ningún motivo como una actitud aislacionista de la isla, ni mucho menos como un comportamiento que va en contra de los principios y los intereses del continente, por el contrario, es un reflejo claro de la debilidad de la OEA, de una histórica y vigente falta de representatividad y de nuevos aires en el continente.

En primer lugar, no podemos olvidar que la OEA establece sus bases sobre los principios del panamericanismo como clara expresión del Corolario de T. Roosevelt (1904), la Doctrina Monroe (1823), la política del “Buen Vecino” de F Roosevelt (1933) y de la Guerra Fría (1945). De este modo, nuestro planteamiento se va a referir a dos hechos fundamentales que nos dan la radiografía exacta de lo que ha sido esta Organización desde su fundación, estos son: la expulsión de Cuba de la OEA y la Guerra de las Malvinas en el marco del TIAR.

La expulsión de Cuba de la OEA en el año de 1962 fue una clara expresión de hegemonía norteamericana en las decisiones de la Organización. La guerra fría marco el escenario para que la Doctrina Monroe (1823) cuyo clero: “América para los americanos” justificara cualquier intervención de su poderío militar, económico y político con tal de “salvaguardar los intereses del continente”. Así, el acercamiento de Cuba con el Marxismo-Leninismo, como también su estrecha relación con la Unión Soviética y la China comunista fue la justificación perfecta para influenciar al bloque del “peligro” para la región que significaba Cuba dentro del sistema interamericano. A pesar de que muchos países latinoamericanos no estuvieron de acuerdo con la decisión, adoptaron un silencio cómplice para no ir en contra de las prerrogativas de Washington.

Veinte años después, Argentina afronta un conflicto bélico en contra de Inglaterra por la recuperación de las islas Malvinas que le fueron expropiadas en 1833 por la potencia británica. El seno de la OEA había contemplado un tratado de defensa regional multilateral en casos de disputas militares con países ajenos al continente que sería activado por consenso en la comisión de la Organización, este se denominó Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca (TIAR), Y fue una de las creaciones norteamericanas para legalizar y consensuar su “protección” sobre la región. Sin embargo, el conflicto dejó en claro los principios de este tratado.

A pesar de la contienda desigual, y las expectativas de invocar la activación del TIAR, Argentina se vio sola en un continente que hizo oídos sordos a la “solidaridad” que pregonaba la OEA. Naturalmente, el gobierno norteamericano de Ronald Reagan no quería comprometerse en un conflicto con su principal aliada, la Inglaterra de Margaret Teacher. Además, EEUU no podía ir en contra de los intereses de la OTAN, de la cual era miembro. De este modo, no solamente se mantuvo a la deriva en el conflicto, sino que también brindó apoyo logístico a las fuerzas británicas para sus ejecuciones.

Nuevamente, la gran mayoría de los países latinoamericanos repudiaron la situación – a excepción de la Chile de Pinochet que brindó apoyo en información a las fuerzas británicas – sin embargo, adoptaron una posición complaciente y temerosa hacía Estados Unidos, prevaleciendo sus intereses de mantener las mejores relaciones con el gobierno de Washington.

Finalmente, podemos decir con agrado, que lo ocurrido hace unos días en el seno de la Asamblea General de la OEA no se debió a una política de flexibilización de la política exterior norteamericana por parte del presidente Barack Obama. Por el contrario, obedece sin duda a una victoria latinoamericana más en estos tiempos de emancipación. Parecemos haber entendido que la única salida para superar nuestras vicisitudes la encontramos en la unión y el acercamiento a nuestras naciones hermanas en el marco de la cooperación y la solidaridad.

Concluimos con otra buena noticia, la crisis que representa la Organización de Estados Americanos actualmente crece al unísono con las alternativas. El surgimiento de la UNASUR como bloque de consenso político ha venido tomando espacios en el escenario mundial, muestras de lo que aseveramos hay muchas, basta con recordar la declaración en conjunto que repudiaba las luchas fascistas de la oposición boliviana y las discusiones sobre la conformación de crear un organismo de defensa regional adscrito a este nuevo bloque político.

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