Imagen de: Umpierrez/Uruguay Juan Bosch, recordado latinoamericanista y presidente de República Dominicana, derrocado por el Imperio Norteamericano, hablo siempre del “Militarismo Pentagonista”. La política de los imperios históricamente se basan en dos pilares, el primero de ellos es la civilización o la cultura, la “transculturización” como hoy definimos al proceso mediante el cual se logra la imposición de un sistema de valores y prejuicios ajenos, para justificar el avance del segundo pilar, que no es otro que el de la fuerza, el uso de la violencia premeditada y sucesiva, de manera que la anexión de un nuevo territorio sea lo más expedita posible.
Lo que nos recordaba Bosch en sus palabras es simplemente lo que hoy vivimos con la instalación de 7 bases norteamericanas en el territorio colombiano. Cerca de 1400 efectivos estadounidenses están hoy en el territorio neogranadino, divididos entre fuerzas regulares y los mal llamados “contratista de defensa”, novedosa figura dentro de la política de guerra norteamericana. La excusa transculturizadora es la “lucha contra el narcotráfico” mezclada con otra excusa, la “lucha contra el terror”. Los valores se disparan por los cañones mediáticos antes que lleguen los cañones reales. Cuatro lanza misiles AT-4 se dicen encontrados en manos de las FARC, de origen supuestamente venezolano, trata de justificar la instalación de las bases.
La estrategia, que es geoestrategia pentagonista, es la de contener los procesos políticos nacionales en Venezuela primero, Ecuador, Bolivia y hasta en Brasil. La base aérea Mariscal Estigarribia, en Paraguay esta a menos de 100 Km. de Bolivia. Otra base paraguaya esta muy cerca del territorio brasileño. Las intenciones de Alan García no se han hecho públicas, pero las ruedas del regimiento mediático siguen avanzando. García ha revivido por televisión al Sendero Luminoso, un grupo extremista maoísta, que se creía extinto, sino muy mermado. No es descabellado pensar que Perú pronto tenga sus bases norteamericanas, cerrando el cerco en contra de Ecuador y Bolivia.
Las riquezas minerales, acuíferas y de biodiversidad latinoamericanas son tan valiosas que todo lo vale. El presidente Chávez dijo, con razón, que solo cuatro países tendrán petróleo al finalizar el siglo, al ritmo actual de consumo. Rusia, Irán, Arabia Saudita y Venezuela. Esta aseveración es suficiente para que se acorrale y se estigmatice a países y a sus líderes. El Amazonas esta en constante peligro de ser invadido para “rescatar la biodiversidad natural de manos de gobiernos irresponsables” como alguna vez oímos decir de un libro de escuela en los Estados Unidos. El Amazonas atraviesa 6 países, Colombia, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Perú y Brasil, todos acorralados por sendas bases militares.
La contra-estrategia latinoamericanista tiene que ser contundente. La reunión de UNASUR debe servir, una vez más, de precedente para que esta militarización del continente por parte de una potencia hegemónica se detenga. Si se continúa este camino, prácticamente y de facto estaremos invadidos por todos los frentes posibles, y no podremos hablar de soberanía, ni de autodeterminación.
Venezuela debe también pensar en su propia geoestrategia. La estrategia de la solidaridad y de la cooperación que tantos buenos resultados le ha dado en términos políticos, debe trasladarse a la estrategia de la seguridad y defensa. El consejo sudamericano de defensa parece una buena iniciativa para iniciar el proceso de desmontar la ofensiva pentagonista e imperial de transculturización y violencia.
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