Imagen: Pink Floyd, The Wall 1979Siempre que se toma en cuenta la educación, se anteponen valores y principios que recogen identidades y culturas dominantes. Nuestras leyes de educación siempre han tenido ese componente de universalidad intramuros, ese cosmos de visiones y relaciones que conforman la nacionalidad. Últimamente, sin embargo, la transculturización, la globalización, y los valores éticos del pensamiento neoliberal, han transformado el debate de la educación y su regulación. Ya existen, como casi en cualquier aspecto, unas transnacionales educativas. Lo que persiguen estas transnacionales educativas, más allá de una educación crítica, global, formadora de ciudadanos, es crear un ente acrítico, consumidor, atrapado en la alienación del trabajo.
Busca sobre todo hacer un ser o ente desligado de su tierra, de sus costumbres, de la relación individuo-comunidad. ¿Cuáles son los objetivos de esto? pues ningún otro que perpetuar modelos de control y dominación, desde lo micro, Patrón- Trabajador, hasta lo macro, países Centro-Periferia. Es en este aspecto que la educación se torna política, irremediablemente, tanto los proponentes del modelo neoliberal, como los proponentes de la educación liberadora.
Hablar de alienación, irreductiblemente nos remonta a la teoría marxista. Hay que perderle el miedo a las dos palabras (marxismo y alienación), puesto que las dos están presentes en todos los aspectos de la vida. Sin querer sonar determinista, las relaciones sociales en el ámbito del capitalismo se fundamentan en la alienación del trabajador, ente social mayoritario en la sociedad, esa desconexión gradual de su entorno y sus necesidades, para que el trabajador nunca pueda cuestionar su explotación. Esta alienación tiene como jeringa al aparato educativo. Las sociedades que se promulguen capitalistas, buscaran una educación desarraigada, acrítica y deformante del hecho social, y convierte al ser humano en una caja vacía, que no cuestione ni critique, y que solo se ocupe de generar la plusvalía necesaria para que la clases dominante siga perpetuando el estatus quo.
Ahora bien, la educación acrítica y deformante no es solo patrimonio del capitalismo, sino que se ha reproducido en el ámbito del dogmatismo. Este dogmatismo tiene varias caras, me referiré a dos principalmente. El dogmatismo religioso y el dogmatismo político.
El primero de ellos ha sido piedra angular del proceso capitalista de alienación social. El dogma esta representado por universales incuestionables, que ha base de fe y de no cuestionamiento, ha hecho posible las más grandes muestras de intolerancia. Hacer una educación desdogmatizada de la religión es más que un deber, es una obligación. Los estados se deben a todos los integrantes, y su laicidad es una obligación ética. Hacemos la salvedad que laicidad no es lo mismo que el estado sea ateo. La cualidad de laicidad implica respeto entre Estado y Religión, estableciendo su separación, libertad de culto, de ritos y de prácticas sociales vinculadas a la actividad religiosa. Ser ateo es estar opuesto a la religión, su exclusión de la vida social por medio de la ley, su eliminación explicita. El estado venezolano aplica la laicidad, es laico, más no es ateo.
Sacar a la religión de las escuelas, no de la sociedad, es un deber social vinculado a la igualdad de oportunidades y a la libertad de culto. A nadie se le debería obligar la práctica de ritos o reconocer como verdad a una religión como requisito para optar por un titulo educativo. Esto es lo que ocurre en muchas escuelas en Venezuela. En las primarias venezolanas se imparte obligatoriamente el curso de “religión”, está entendida como “religión católica”. El individuo que no sea cristiano católico, tendrá que abjurar de sus creencias religiosas, su educación parental y familiar, para responder correctamente a la siguiente pregunta en un examen: ¿quién es el único hijo de dios, que murió por nuestros pecados? ó ¿Quiénes conforman la santísima trinidad? Es un absurdo pensar que una chica o chico budista, musulmán, o judío, tengan que responder a sabiendas que esos preceptos son incongruentes con su propia costumbre o religión, así estas denominaciones sean minoría en un país católico.
Al dejar en manos de la iglesia (de cualquier denominación) y de la familia la enseñanza religiosa permitirá que la religión sea una opción personal, sin ataduras ni obligaciones, más allá de convertirse en un requisito para ser ciudadano. En pocas palabras, y tomando el léxico católico, un verdadero acto de voluntad y fe en la religión.
El otro dogma, que esta presente, es el dogma político. Para nadie es un secreto que en la política, al igual que en la religión, existen dogmas de fe. Para algunos malos socialistas esto es Marx, su palabra y su obra, que son tomados como evangelio sacrosanto. Para algunos, el marxismo científico esta más allá del bien y del mal, que suplantó, sobre todo en el periodo de los llamados socialismos “reales”, a la religión por la palabra de Marx. Para nada, y hago la salvedad, en nuestra ley orgánica de educación se incorpora la enseñanza marxista o socialista en la educación, en ninguno de sus niveles (claro esta, solo dentro de los cursos de política) como única enseñanza posible.
Lo mismo sucede, pero sin el mismo revuelo, desde hace mucho tiempo y más continuamente, en la enseñanza basada en los valores del capitalismo. Más propiamente dicho, en los valores del consumismo. Consumir es nuestra única obligación, conseguir dinero, para consumir, nuestra única aspiración en la vida, ser rico o morir en el intento. Esto también es dogmatismo, pero de la acera de enfrente. Lo que hacen las campañas publicitarias que están dirigidas a los niños, que entran al aula mucho mas rápido, es formar una ideología del consumo, de la explotación, del ya para ya, que deforma y se convierte en ansiedad, culpa por ser pobre, por no tener carro, o por no comerte una hamburguesa y una coca-cola. El dogma neoliberal, no es diferente del dogma marxista. Ambos buscan a un ser desconectado, acrítico, para perpetuar un sistema en el que esta prohibido disentir.
Des-dogmatizar a la escuela de la política también es una obligación.
¿Cuál es la máxima obligación? hacer ciudadanos críticos, que sepan descifrar los códigos de los actores políticos, religiosos y económicos, y puedan entender su posición localizada en su entorno, su sociedad. Y apropiarse, hacer suya su sociedad, su estado y su realidad. Los que apoyamos este proceso de cambio no queremos autómatas, que no nos critiquen o no sepan discernir la realidad de la ficcionalidad mediática, venga de donde venga. Que critiquen el consumismo, la alienación, y a la vez, disciernen y critiquen los falsos socialismos, los dogmatismos de la teoría marxista que inundaron al siglo XX. Que tomen sus propias decisiones con todas las herramientas posibles.
La ley aprobada la semana pasada, recoge todos estos principios. No busca crear chavistas, busca conseguir en su evolución educativa a seres humanos, concientizados de su realidad histórica y su potencial futuro. Busca darnos una cultura propia, que ya existe, y que solo falta ser enseñada en nuestras aulas. Bolivarianos somos todos, Robinsonianos, como no. Educar desde esa perspectiva no solo reafirma nuestros valores intrínsecos, también nos hace mejores ciudadanos.
